Históricamente, la República Argentina ha sido un polo de atracción para la inmigración, en especial de otros países sudamericanos. El fenómeno cobró un nuevo impulso hace unos 15 años, luego de la recuperación económica que sobrevino a la crisis de 2001, y como toda gran urbe, Rosario y Santa Fe no fueron ajenas a este fenómeno, que se sostiene hasta el día de hoy en franco crecimiento.
Según datos aportados por Migraciones, en 2016 Santa Fe fue el cuarto distrito nacional con mayores radicaciones de extranjeros después de Buenos Aires, Capital Federal y Córdoba. Hubo más de 4.000 autorizaciones el año pasado, pero el número sigue en alza: en lo que va de 2017 se superaron las 4.600, con un promedio de entre 400 y 500 por mes.
En la delegación Rosario, por ejemplo, con jurisdicción en toda la provincia, se producen entre 100 y 150 trámites por día, de los cuales 60 son pedidos de radicación, y el resto prórrogas turísticas o habilitaciones de salida del país tras exceder los 90 días permitidos por ley para vacacionar.
Seguridad
Con el nuevo gobierno se introdujo además un cambio de paradigma en el abordaje del tema migratorio, con la seguridad como punto central. «El tema está en la agenda política del presidente (Mauricio Macri), que quiere poner el foco en el cuidado de las fronteras. La Aduana controla el flujo de mercancías y Migraciones el de personas. Estamos trabajando férreamente en ambos aspectos para garantizar la seguridad de los argentinos», afirma Germán Pugnaloni, responsable de Migraciones en la provincia.
Al mismo tiempo sostiene que «no se puede pasar por alto el reconocimiento que hace la Constitución de las personas extranjeras que quieran habitar suelo argentino: no vamos a expulsar compulsivamente, construir muros o iniciar cazas humanas. Buscamos un equilibrio entre el respeto a los derechos de los inmigrantes y la seguridad de la población argentina».
Por eso también hubo un incremento de los controles de permanencia, que «se duplicaron desde que ingresó la actual gestión» en locales comerciales, hoteles, granjas, talleres textiles o supermercados.
El objetivo es «que todos hagan los trámites y digan los motivos reales por los que vienen al país: si vienen a trabajar, que no declaren que vienen a vacacionar», señaló el delegado.
Pugnaloni argumenta que de esta forma «se cuida» al inmigrante, que al estar irregular puede ser víctima de «la trata o tráfico de personas, o del empleo no registrado».
Además dice que se intenta detectar «a aquellas personas que hayan cometido delitos de gravedad para expulsarlas». Por ejemplo, hoy el aeropuerto trabaja con el I 24/7, un sistema de alerta en línea con Interpol que impide la entrada de personas con pedidos de captura internacional.
«A su vez se está trabajando en acuerdos con cada país para que suministren datos sobre las personas que cometieron delitos», agregó.
Ránking
La estadística marca que a nivel país, los paraguayos figuran primeros en el ránking, seguidos por los bolivianos, peruanos, colombianos, venezolanos y brasileños. La franja etaria con más presencia es la de 22 a 30 años, y hay una leve mayoría de mujeres. También los oriundos de Brasil crecen considerablemente, ubicándose más cerca de la cima de la tabla, posiblemente por la cantidad de estudiantes.
La mayoría de los que piden la radicación provienen de países del Mercosur y se insertan de diferente forma en la economía local: los paraguayos lo hacen por lo general en el sector de la construcción, los bolivianos trabajan la tierra en granjas o quintas; los peruanos se desempeñan en la gastronomía y la industria textil.
Hay una comunidad china importante ligada en general a los supermercados, que genera preocupación en las autoridades por la detección de documentación apócrifa que hace pensar en la presencia de una organización mafiosa dedicada al tráfico de personas.
A la espera de refugiados sirios
Santa Fe se convertirá antes de fin de año en receptora de refugiados siriolibaneses. El Programa Siria, de colaboración internacional, tiene su capítulo provincial. Las familias que se ofrecen como receptoras ya están haciendo los trámites para hospedar a unos 20 refugiados, y los primeros van a empezar a llegar a fines de diciembre, luego de pasar por los controles de seguridad en su país de origen para asegurarse de que se trate de víctimas del conflicto armado y no parte de él.
En tanto, los santafesinos que cobijarán a los refugiados ya se encuentran haciendo la capacitación necesaria para mitigar el impacto cultural y/o religioso. El Estado, informaron desde Migraciones, acompañará y asistirá a las personas para que puedan integrarse a la vida laboral y social local.
Fuente: La Capital.