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Tras la nota de Esperancino, el joven que fue esclavizado encontró a un familiar

Tras la nota publicada por Esperancino.com.ar, Leandro, el joven de 26 años que fue esclavizado durante toda su infancia y luego rescatado, una mujer se contactó a la redacción del diario.

Se trata de Claudia, la prima de sus primeros cuatro hermanastros, con los que solo comparte el padre.

Ella recordaba a la mamá de Leandro y a él lo conoció cuando era un bebé, pero desde entonces no sabía nada más de él. Claudia vive en Esperanza y pudo reencontrarse con Leandro tras ver la nota.

“Fue muy conmovedor, hablamos de todo y quedamos para comer el domingo“, relató la mujer.

También se contactó a Esperancino.com.ar una joven que cursó con Leandro la escuela primaria en el norte provincial y no sabía dónde estaba el joven. Desde el diario se realizaron las gestiones para que puedan reecontrarse en Esperanza, donde ella estudia.

Historia de terror 

Leandro tiene 26 años y hace 5 que llegó a Esperanza, después de pasar una infancia llena de maltratos, sufrimiento, bronca y dolor.

En diálogo con Esperancino.com.ar contó que nació en San Javier y cuando tenía 4 años su mamá murió. Tras la muerte su papá lo abandonó a él y a otros 8 hermanos. Un amigo de su madre los adoptó, pero dos años después murió.

Todos quedaron a disposición de la Justicia y tres días más tarde Leandro, que tenía 6 años, y un hermano dos años mayor que él, fueron adoptados por un matrimonio de La Brava, un pequeño pueblo cercano a San Javier.

Llegaron en 2005 y pasaron los peores años de su vida. Los primeros meses fueron normales, pero con el tiempo todo se tornó más oscuro.

Comenzaron los maltratos, los golpes y el trabajo esclavizado. Con 6 y 8 años hacían ladrillería, cortaban leña y colocaban techos, todo sin recibir ningún dinero a cambio, ni tampoco comida.

“La escuela presentó una denuncia porque llegábamos golpeados, con hambre y descalzos, pero nadie hizo nada al respecto”, contó Leandro.

Relató que tanto el hombre como la mujer les pegaban latigazos y los dejaban sin comer durante días. “Nos comían en la cara y se burlaban”, afirmó.

En 2012, tras pasar 7 días y 7 noches solo comiendo la comida de los perros y moras, planearon escapar. Una noche su hermano Claudio pudo salir de la casa, pero Leandro se quedó dormido.

El dueño de la casa y un policía le pegaron para que diga donde había ido su hermano y estuvo tres días detenido en la comisaría pese a ser menor (tenía 15 años).

Cuatro policías le dieron una paliza, le azotaron la cabeza contra la pared, le pegaron patadas, lo picanearon con un cable mientras le pedían que diga que él planeó la fuga de su hermano, a lo que Leandro terminó diciendo que sí en medio de los golpes.

Un quinto policía llegó a la comisaría, vio la situación y lo defendió mientras él solo lloraba. Recibió de ese agente ropa y comida y al otro día fue enviado nuevamente a la casa de su tutor.

En tanto Claudio logró irse con una hermana a la que contactó por medio de otra familia y la Justicia. Leandro también quiso ir con ellos, pero no lo dejaron.

Quedó solo en esa finca del horror, donde continuó siendo maltratado al punto que dormía en la cucha de los perros.

Se aferró a una biblia y le pedía a Dios salir. Una familia le pagó un trabajo con un celular que escondió de sus tutores, consiguió el número de teléfono de su hermana y todos los días le contaba lo que padecía.

En 2014, cuando tenía 18 años, en complicidad con un compañero de la escuela, consiguió un arma de fuego y planeó matar al matrimonio y matarse él. Se lo contó a su hermana, que decidió mostrar sus mensajes en una Fiscalía.

Seis días después se realizó un allanamiento de la sección Trata de Personas en la finca. Leandro fue rescatado y se reencontró con sus hermanos en San Javier. Consiguió trabajo y un alquiler accesible que le ofreció una mujer de gran corazón, que además lo ayudó en muchos aspectos.

A través de esa señora hace 5 años llegó a Esperanza para trabajar en el rubro de construcción, donde todavía continúa y sigue aprendiendo cada vez más.

Además, con la ayuda de vecinos, hace un mes retomó sus estudios en la EEMPA, donde busca terminar la secundaria para seguir hacia adelante con su vida.