La iniciativa busca que los vecinos puedan llevar estos residuos al LIMPES o a comercios e instituciones que se adhieran voluntariamente. El objetivo es evitar que terminen en la basura común y garantizarles un destino ambientalmente adecuado.
El concejal Mariano Puig presentó un proyecto de ordenanza para crear en Esperanza un sistema específico de recepción y gestión de pilas y baterías en desuso. La propuesta apunta a resolver una situación cada vez más frecuente: qué hacer con las baterías de celulares, computadoras, herramientas inalámbricas, juguetes, bicicletas eléctricas y otros dispositivos cuando dejan de funcionar.
Estos elementos no deben arrojarse junto con los residuos domiciliarios. Cuando una batería de litio se rompe, se aplasta o queda expuesta al calor puede provocar cortocircuitos, sobrecalentamiento e incendios, además de liberar sustancias perjudiciales para el ambiente. Su descarte incorrecto también representa un riesgo para los recolectores, los vehículos y las instalaciones donde se clasifican los residuos.
La iniciativa propone que los vecinos puedan entregarlas voluntariamente en el LIMPES y en puntos privados de recepción. Podrán sumarse, de manera gratuita y voluntaria, comercios, instituciones educativas, clubes y asociaciones civiles que cumplan las condiciones de seguridad establecidas por la Municipalidad.
“Hoy usamos baterías en casi todo y, a medida que crezca la movilidad eléctrica y el uso de herramientas y dispositivos inalámbricos, también va a crecer este tipo de residuo. Tenemos que anticiparnos y darle al vecino una respuesta sencilla: que sepa dónde llevarlo y tenga la tranquilidad de que será tratado correctamente”, explicó Puig.
El proyecto no contempla la recolección en los domicilios. La entrega estará a cargo de cada vecino en los lugares identificados. Desde los puntos privados, la Municipalidad organizará el retiro y traslado al LIMPES, que funcionará únicamente como centro de recepción y acopio transitorio, con un sector separado y condiciones específicas de seguridad.
Luego, el material será entregado a transportistas y operadores habilitados para su reutilización, valorización, tratamiento o disposición final. Un registro permitirá conocer las cantidades recolectadas, los traslados y el destino otorgado. También se elaborará un protocolo para manipular, trasladar y almacenar las baterías, con precauciones especiales para aquellas que estén hinchadas, deformadas, dañadas o con pérdidas.
“No se trata de complicarle la vida a la gente, sino de facilitar una conducta responsable. Hoy estas baterías pueden parecer pocas, pero serán cada vez más. Si empezamos ahora, Esperanza va a estar preparada para gestionar este residuo de forma segura”, sostuvo el concejal.