La sanción de la nueva Ley Orgánica de Municipios marca un punto de inflexión en la arquitectura institucional de la provincia. Con el aval final del Senado, que convalidó por unanimidad el texto aprobado en Diputados, la norma habilita un esquema que busca materializar en los hechos la autonomía municipal prevista por la Constitución.
En ese proceso, el senador Rubén Pirola sostuvo una posición consistente a lo largo del debate: “La ley debía preservar las distintas dimensiones de la autonomía y fijar principios claros para que cada municipio pueda ejercer plenamente sus responsabilidades”.
“El contenido que llevé a la discusión se nutre de quienes van a aplicar esta ley en la práctica cotidiana”, afirmó, en referencia al trabajo previo con intendentes, presidentes comunales y equipos técnicos del territorio. Esa mirada se tradujo en coincidencias con el texto finalmente aprobado, especialmente en áreas sensibles para la gestión local: transferencia de competencias provinciales, poder de policía municipal, prestación de servicios públicos, planificación territorial y desarrollo productivo.
El alcance de la norma también incorpora funciones vinculadas a la protección del patrimonio cultural, la defensa de usuarios y consumidores y políticas educativas, además de un marco para intervenir en temas de seguridad y convivencia ciudadana. “Los gobiernos locales necesitan herramientas reales para responder a las demandas de sus
vecinos”, sostuvo Pirola.
Uno de los puntos centrales es el artículo 22, que establece cómo se organizarán los gobiernos locales desde 2027. El esquema introduce diferencias según la escala poblacional: comisiones municipales en localidades más pequeñas, con integración vinculada a la elección del intendente, y concejos municipales en ciudades de mayor tamaño, con representación proporcional y renovación periódica.
El rediseño institucional apunta a equilibrar gobernabilidad y representación. En municipios de hasta 3.000 habitantes, la lógica combina mayoría electoral con presencia de la segunda fuerza. En aquellos de entre 3.000 y 10.000 habitantes, se amplía la integración y se incorpora un criterio proporcional. Las ciudades más grandes consolidan el modelo de intendente y concejo deliberativo.
La aprobación de la ley abre una etapa de implementación que pondrá a prueba su alcance real. El consenso en el Senado convive con un debate político que sigue abierto en torno al rol de los gobiernos locales.
En ese escenario, la expectativa se traslada al territorio. La autonomía cuenta con marco legal; el desafío pasa ahora por su ejercicio efectivo en cada municipio.