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Entrevista a Osvaldo Gross, que llegó a Esperanza para la feria gastronómica gratuita

Osvaldo Gross, bien esperancino, es reconocido como uno de los máximos exponentes de la pastelería, no solo en Argentina, sino en el resto del mundo. Licenciado en geoquímica y chef pâtissier, Gross es una figura destacada en la pastelería, muy conocido por sus exitosos ciclos televisivos en Utilísima Satelital y El Gourmet.

Este domingo cerrará con una clase magistral Comemos 2026, el evento gastronómico organizado por la Municipalidad de Esperanza que se realiza en el Parque de la Agricultura desde las 10. El reconocido chef pastelero dialogó con el periodista Juan Manuel Sánchez en LT9, donde se refirió a nuestra ciudad, sus años de estudiante y el trabajo que le abrió la cabeza para decicarse de lleno al mundo de la cocina.

“Cuando terminé el colegio en Esperanza me fui a estudiar geoquímica a La Plata, pude recibirme y comencé a trabajar de mi profesión. Estaba en un laboratorio pero había algo adentro mío que me decía que tenía que hacer otra cosa. Un anuncio en un diario me llamó la atención porque hablaba de un curso de cocina, me anoté y descubrí un mundo nuevo. Mi primer trabajo en la cocina fue en un hotel cinco estrellas y ese fue el comienzo de un camino inimaginable y maravilloso en mi vida”, expresó en la charla con LT9.

Aquellos años en Esperanza

Muchas veces de niño y casi sin pensarlo hay situaciones que uno observa y quedan guardadas y quizás sean a futuro una elección de vida. Osvaldo Gross venía de una familia donde la cocina era un lugar importante, pero lejos estaba él de sentirlo propio. “De chico no sentía pasión por la cocina o esa necesidad de agarrar una olla y ponerme a hacer algo. En casa cocinaba siempre mamá, eran tiempos donde se cocinaba todos los días. No es que esa pasión se despertó en la cocina de mi casa o de mi abuela, sí observaba pero no mucho más que eso. Tampoco es que hice un curso avanzado de cocina con mi mamá cuando me fui a estudiar a La Plata.

Se cocinaba mucho, los fines de semana nos juntábamos a comer entre tíos y abuelos. En mi familia la cocina estaba muy presente, pero no era una necesidad o un objeto a perseguir para mi futuro. Jamás ibas a entrar a mi casa y verme con alguna olla o revolviendo algo, al contrario mi mamá me sacaba carpiendo de la cocina. Es más cuando se ponía a cocinar me mandaba de mi tía y me daban tareas para hacer y muchas veces la ayudaba en la cocina pesando la harina para algún postre por ejemplo y tenía que ser todo preciso”, recuerda.

Su primera comida

Atrás quedaban las calles de una tranquila cabecera de Las Colonias. Una valija y una nueva ciudad eran la próxima parada de sus sueños: “Fue todo raro cuando me fui solo a vivir a La Plata. De golpe se terminaban los platos, postres y tortas de mamá, tías y abuelas. Igualmente en ese comienzo viví en una casa donde éramos varios. Entonces todas las semanas nos organizábamos para cocinar en pareja para el resto del grupo pero no salíamos de los fideos, salchichas y cosas así. Cocinábamos para dar de comer nada más pero empecé a conocer cosas de la cocina como por ejemplo saber que, no todo el año estaban las mismas verduras y dependía de cada estación.

Mis padres no fueron universitarios pero en casa la consigna era que los tres hijos tenían que tener nivel universitario eligiendo la carrera que cada uno quisiera. Como a mí me gustaba viajar dije estudio geología porque con esta carrera voy a recorrer el mundo y al final lo recorrí batiendo bizcochuelos. Era un amante de las ciencias exactas y cuando llegué a tercer año de geología me abrí a geoquímica que es la química analítica de los minerales y sinceramente la carrera me ayudó un montón para mi camino como pastelero. Como por ejemplo me era fácil entender por qué no era lo mismo encender un horno a 180 grados que a 200, cosas que las personas no se dan cuenta y después muchas otras que parecen tontas y que tienen mucho de matemática a la hora de una receta, el uso de las gelatinas, esas cosas de la carrera me ayudaron muchísimo. Esa base universitaria me permitió más adelante dedicarme a la cocina, porque no hice la carrera, sí cursos, pero el respaldo de la geoquímica me permitió recorrer mi camino en la gastronomía de la mejor manera”, contó.

Un anuncio en el diario

“Me recibí y comencé a trabajar en un laboratorio en Buenos Aires. Atrás había quedado una ciudad pequeña como Esperanza y otra ya más grande como La Plata. Estar en Buenos Aires te permitía, con un buen sueldo, hacer un montón de cosas fuera del horario laboral. Entonces iba al teatro a la ópera y un día leyendo La Nación veo un anuncio que llamaba a realizar un curso de cocina y me interesó como una actividad de lujo que podía hacer. Era carísimo pero me inscribí igual y ahi ví que había otro lado para la cocina, que no se trataba del restaurante común y la parrilla que había que prender el fuego y transpirar con una botella Estambul de chimichurri con un trapo en la punta. Comencé a abrir los ojos y ese curso además me abrió la cabeza. Yo sabía francés y ese curso me permitió entonces entrar a mi primer trabajo en una cocina de lujo donde era más importante mi francés que lo que podía cocinar porque había que traducir todo. Era muy similar a un laboratorio y ahí dije cambio laboratorio por laboratorio.

Trabajaba en la Dirección General de Fabricaciones Militares en la dependencia de Desarrollo Minero, era el lugar de la búsqueda de nuevos minerales para la producción de cosas que estaban de moda en esos tiempos. Trabajé sobre litios y lantánidos. Estaba abocado a esas investigaciones. Iba al laboratorio a trabajar pero sentía que tenía que cambiar, hacer otra cosa. Así mientras pensaba y pensaba durante un año y medio a la mañana iba al laboratorio y a la tarde a la cocina del hotel. Me costaba tomar la decisión, era otra época y no era fácil dejar el trabajo profesional por un oficio menor.

Igualmente estaba en la cocina de un hotel cinco estrellas de Buenos Aires. Era el Hyatt y el nivel era de perfección. Pero cocinabas y estaba esa pelea interna de la profesión y el oficio, igualmente la exigencia era tal que todos los empleados, desde el que arreglaba la caldera hasta el gerente más importante además de hablar español debían saber inglés. Eso era muy bueno, tuve esa suerte de ingresar a trabajar a ese lugar y no a un restaurante normal de Buenos AIres donde el nivel de exigencia y capacidad era menor. Todas esas cosas inclinaban la balanza para que uno siguiera con la cocina en tiempos donde tampoco había tantas escuelas de cocina o lugares para capacitarse. Recién a partir de los noventa aparecieron como así también los programas de cocina. Sin nombrar a Doña Petrona que fue algo puntual, estaba Chichita de Erquiaga en ATC y no mucho más, recién en los noventa aparecieron los canales de cocina como Utilísima hasta el 2000 que saltó a la pantalla El Gourmet y después tantos más.

Trabajar en el Hyatt era el lugar ideal para un capricorniano. Todo seguía un orden con un número, un código, una planilla, un horario exacto de entrada. Ese ingreso fue en 1992 y tuve que abandonar La Plata y vivir de golpe en Buenos Aires y fue un cambio enorme para mi mente esperancina. Cuando me avisaron que entraba a trabajar en ese lugar majestuoso lo primero que hice fue llamar a mi papá y a mis hermanos para contarles la noticia. Estar dentro del Hyatt era una sensación rara como que sentía que estaba demás. No sabía qué iba a hacer, los jefes eran todos extranjeros. Recuerdo que me presentaron al chef ejecutivo, era un alemán y yo tan paisano lo abracé y le di un beso en la mejilla, casi sale corriendo pobre hombre.

Tenía 29 años, era de los empleados más viejos y como me la pasaba hablando en francés, el resto que eran pibes creían que era francés y me respetaban un poco más. Mi trabajo en el hotel arrancó antes que abriera, entonces esos primeros días fueron de recibir los contenedores que llegaban de Alemania y Francia con distintos elementos y después empezar a elaborar las recetas, hacerlas, probarlas para que salieran y que todo funcione. Me empezó a gustar muchísimo, era un hotel de lujo y de golpe uno comenzó a conocer ese mundo y el detrás de escena con los armados de escenografías para eventos y era algo maravilloso. No solo por el trabajo, sino que además vivía en Buenos Aires que era increíble y mucho más cuando venís de una ciudad pequeña como era Esperanza en esos tiempos, me cambió la vida y la cabeza.

Si bien era él hotel de lujo de Buenos Aires en ese entonces, eran muchas las celebridades que iban pero era todo muy discreto, igualmente estaban los chimentos de pasillo y te enterabas quién estaba comiendo o estaba en el hotel. Un día Melanie Griffith devolvió nueve veces la ensalada césar, tenía unas ganas de mandarla al carajo. Estaba cenando junto a Antonio Banderas y no podía decir nada, tenías que cerrar la boca y seguir trabajando”, recuerda.

Su mundo, la pastelería

“Al Hyatt me presento a través de un amigo que también era chef y ya estaba contratado por el hotel. Fui porque quería conocer como era el hotel antes que se abriera, me deslumbraba eso y resultó ser que el chef pastelero era francés me vió y celebró que por fin alguien hablara francés, me necesitaba al lado suyo para que le traduzca todo el tiempo. Me contrató el hotel y me tomé un mes de licencia en el laboratorio para aprender todas las exigencias del Hyatt y cómo dice la Biblia: “Ví que era bueno” y decidí quedarme. Arreglé los horarios entre el laboratorio y el hotel y comencé con la pastelería. Había otro chef pastelero como yo pero el jefe nuestro confiaba en mí por el tema del idioma y así comencé a formarme a la par suya.

El Hyatt fue mi universidad en el mundo de la cocina y la pastelería y comencé a viajar para trabajar en otros hoteles de la cadena y así hice mi primer viaje que fue a Singapur, después estuve en Tokio y esas cosas me abrieron mucho más la cabeza. El pibe que soñaba con viajar empezaba a hacerlo y era maravilloso. No tenía idea dónde quedaba Singapur y el vuelo entre escalas duró unas 42 horas. Japón fue muy loco y hermoso a la vez.

Ya había elegido y había renunciado al laboratorio. Mi camino siguió dentro del Hyatt donde los capitales inversores tenían mucha mente americana e inglesa y su pensamiento era menos empleados más ganancias entonces el trabajo se volvió más intenso hasta que me echaron. Y ahí me pregunté qué hago, sigo con la pastelería o vuelvo con la química.

Me tiré un mes a a llorar en el diván y seguí con la pastelería, primero en unos restaurantes de Buenos Aires, después me fui a San Pablo. Pero sinceramente no me esperaba la patada en el traste del hotel pero era la clásica, te daban un cargo que no tenía límite horario para trabajar y entonces cuando ves eso ya sabes que pronto se viene el despido. Pero siguió todo bien, son esos monentos donde aparece la familia o los amigos, ya estaba haciendo algo de televisión apareció el IAG (Instituto Argentino de Gastronomía) para dar clases y me gustaba porque habia sido profesor en la Universidad de La Plata y todo siguió su camino con muchas y mejores cosas inesperadas”.

Mundo Oswald

De licenciado en geoquímica a pastelero profesional con éxitos televisivos, varios libros de primer nivel y un seguimiento al rededor del mundo increíble. Así sigue su camino el chef pâtissier que logró posicionarse en el punto justo entre la tradición y las nuevas tendencias. “La televisión te hace famoso y si la sabés aprovechar te abre más puertas. Empecé a hacer televisión en una época donde no eran muchos los canales y la gente se sentaba a ver esos programas. No era el boom que tenemos hoy de canales, plataformas y redes. Ese comienzo en la pantalla chica me posibilitó recibir invitaciones a varios países para dar charlas y presentarme en distintos eventos más allá del trabajo. Recuerdo un año que fui a Perú y tenía custodia cuando salía del hotel, me sentía un rockstar. Tenía fans, era otro tiempo ya no pasa más. Sí a Lady Gaga pero no a Oswald.

Con la pandemia hubo un furor con la cocina. Todos cocinaban subían recetas, eran chef. Cuesta tamizar al que comunica bien y además sabe de cocina del que solo comunica bien pero de cocina nada. Al principio me enojaba un poco pero después entendí y lo acepté. En definitiva son muchos los que aparecieron cocinando en redes y todos suman porque cada uno apunta a un público según sus necesidades o al horno que tenés en tu casa, o puede mirar solo la historia para aprender un método y no otra cosa, entonces si querés algo profesional buscás algunos y si solo querés divertirte elegís a otros. A veces veo desmedido el éxito que tiene cierta gente sin idea de la cocina pero sin embargo tienen muchísimos seguidores.

Yo no me puedo quejar porque aprendí y se puede hacer redes y profesión al mismo tiempo y tengo más de 2 millones de seguidores de todo el mundo y eso es un montonazo y lo más meritorio es que lo hago con recetas creíbles. Las redes han ayudado mucho a ver que se puede transitar la cocina y la pastelería como un camino profesional y eso lo veo año a año en el IAG con la llegada de alumnos muy jóvenes con muchas granas de aprender”, cerró en su diálogo con Juan Manuel Sánchez por LT9.

La feria

La Municipalidad de Esperanza, a través de la Secretaría de Innovación y Desarrollo Económico, invita a participar de “Comemos 2026”, la feria gastronómica que se realizará este domingo desde las 10 en el Parque de la Agricultura.

Durante toda la jornada, el evento ofrecerá charlas, exposiciones, feria de productores, patio de comidas y actividades para todas las edades, con el objetivo de seguir fortaleciendo el vínculo entre la gastronomía, la producción local y la comunidad.

La propuesta también incluirá charlas y demostraciones de especialistas, que abordarán distintos aspectos vinculados a la alimentación, la producción y la gastronomía. Entre los temas que se presentarán se encuentran cultivos intensivos en la región, alimentos funcionales, nutrición actual, experiencias de gobernanza alimentaria, vinos santafesinos y coctelería con enfoque culinario, entre otros.

El cierre estará a cargo del maestro pastelero esperancino Osvaldo Gross, quien realizará tres recetas en vivo.

Además, instituciones municipales se sumarán a la jornada con distintas propuestas. La Biblioteca Municipal “Francisco Soutomayor” presentará la actividad “La cocina del juego”, el Museo de Arte El Antigal exhibirá la muestra “La cocina de Eva Erni Borla”, y el Museo de la Colonización ofrecerá la muestra “Sabores con historia”.

El evento también contará con espacios lúdicos y actividades de cocina para niños.

La entrada es libre y gratuita.