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La Zillertal Orchester cumple hoy 60 años y lo festeja a lo grande

Cada recital de la Zillertal Orchester confirma que la alegría es contagiosa. Los ocho músicos de la banda de San Jerónimo Norte hacen saltar a todo el mundo, al ritmo de “valesanas y polkas”, con un tipo de música que activa las ganas de bailar y festejar. Es un ritmo en el que florece la amistad.

Lo saben bien Augusto Jullier y Telmo “Nito” Franzen, los dos miembros fundadores que quedan de la orquesta que tuvo su debut oficial en un festival en San Jerónimo Norte el 20 de junio de 1962. En esta ciudad, la segunda colonia agrícola del país (la primera es Esperanza), las raíces suizas y alemanas de los fundadores siguen vivas y son el punto de partida de una historia que tuvo su momento “eureka” en un restaurante del puerto de Hamburgo.
Augusto Jullier fue integrante de la formación inaugural de la Zillertal y dirigió la orquesta durante 22 años. Es la memoria viviente de la banda.

“Horacio ‘Bayo’ Eberhardt se había enrolado como carpintero en el buque carguero Alberto Dodero y vio actuar a una banda de música alemana en un restaurante de Hamburgo”, recuerda Jullier en una entrevista con Aire Digital. El restaurante se llamaba: Zillertal. Al “Bayo”, la banda le encantó. Se vino con una foto que se tomó con ellos a San Jerónimo Norte y entusiasmó con la idea a familiares y amigos. A principios de los 60’, este rincón del centro de Santa Fe, en plena cuenca lechera, era un terreno fértil para que la idea prendiera.
Los jarros cerveceros forman parte del vestuario de la banda. Los fabrica un artesano de Villa General Belgrano.

“Desde los nueve años yo tocaba en el acordeón las tres valesanas que sabía”, cuenta Jullier. Es que todos habían crecido con esta música como telón de fondo y había un docente. “Éramos varios los que habíamos aprendido algo de música con el maestro Avelino Eberhardt”, relata Franzen, que hizo una dupla legendaria con su clarinete junto a Mario Zingerling.

El que quiera conocer cada una de las aventuras que vivió la banda a partir de ese momento, tiene que conseguir el libro: “Zillertal bleitb Zillertal”, que escribió Jullier cuando se conmemoraron los 50 años del grupo de música cervecera más famoso del país.

Hay un momento decisivo. En diciembre de 1965, la Zillertal toca en una fiesta en la planta fabril de la Cervecería Córdoba, en la capital cordobesa. Los escucha gente de Villa General Belgrano -que en ese momento tenía 500 habitantes- y los invitan a tocar al año siguiente en la Oktoberfest (la primera edición había sido en 1964). Después de esa primera participación, terminaron en la portada del folleto oficial de lo que ahora es la Fiesta Nacional de la Cerveza y son parte del clímax -desde 1996, con asistencia perfecta- de un evento que concentra más de 10.000 personas.

En estos 60 años, viajaron por todos lados -incluso cruzaron la frontera hacia Chile, Paraguay y Uruguay- y en cada concierto se lucieron con un vestuario que fusiona tradiciones de tres países: los pantalones cortos de cuero y los tiradores son alemanes (bávaros), el chaleco de terciopelo rojo es suizo (del cantón Appenzell) y el sombrero y las medias son de inspiración austriaca. Para confeccionar cada prenda, todavía persiguen sastres y modistas en San Jerónimo Norte y Esperanza.

En todos estos años -que incluyeron un viaje a la misma Suiza-, quizás lo más importante es que la Zillertal cambió profundamente la vida de estos “gringos” de San Jerónimo Norte y dejó un legado que ahora sigue una nueva generación. “La orquesta fue algo extraordinario para mí. Nosotros vivíamos en el campo y la verdad no salíamos mucho. Con la banda conocí un montón de lugares y nos divertimos muchísimo”, destaca Franzen. Para Jullier, la Zillertal fue lo mejor que le pasó en la vida.

“Fue un espacio en el que pude canalizar mi pasión, que es la música, conocer lugares, amigos y aprender a tomar cerveza -coincide-. Nuestra música siempre facilitó la apertura a la amistad y luego de cada recital, junto al barril de chopp, hicimos amistades que perduran hasta hoy”. Jullier, que tuvo que aprender a tocar la tuba para integrar la orquesta, fue director del grupo durante 22 años.La orquesta va a hacer una muestra itinerante con las fotos y recuerdos de los viajes que hizo la Zillertal.

La formación actual de la Zillertal la dirige Ariel Theuler (trompeta flugelhorn) y la integran los músicos Rubén Melchiorre (trompeta), Héctor Zanuttini (voz), Sebastián Borgogno (bajo), Nelson Weibel (clarinete y saxo), Damián Emmert (acordeón), Joaquín Welschen (trombón) y José Luis Merhing (batería).

Verlos tocar -incluso en un ensayo- divierte y emociona. Se ríen, saltan con los instrumentos y Zanuttini se turna para tomar del hombro y cantar con cada uno de los músicos.

En la versión que hacen de “Mein Vogt” (que muchos conocen como polka de Luxemburgo), canta en “jodler”, una forma de “garganteo” característica de los Alpes. “La tradición recuerda que el jodler empezó como un juego que hacían los pastores con el eco de las montañas. Después lo empezaron a usar para comunicarse entre ellos y terminó dentro de las canciones”, explica Zanuttini.

La formación actual de la Zillertal: de izquierda a derecha, Joaquín Welschen (trombón), Ariel Theuler (trompeta flugelhorn), Rubén Melchiorre (trompeta), José Luis Merhing (batería), Héctor Zanuttini (voz), Nelson Weibel (clarinete y saxo), Sebastián Borgogno (bajo) y Damián Emmert (acordeón).