Actualmente se lo ve en Aufranc y Moreno, pero recorrió el país y gran parte de Sudamérica haciendo arte callejero. En diálogo con Edición Uno contó las distintas experiencias recogidas en los viajes, cómo es dormir en la calle, comer de la basura y terminar en una Comisaría.
Compartimos la entrevista, agradeciendo la gentileza de los colegas.
Emanuel Figueroa nació en Esperanza y por razones laborales se mudó a Carlos Paz, donde a los 21 años se quedó sin trabajo y terminó en la calle. “No sabía hacer nada y por suerte conocí a personas que me enseñaron esto de los malabares. Pasó a ser mi sustento diario y una vez que agarré experiencia partí hacia Mendoza.
Regresé a la ciudad sólo por unas semanas y me agarraron las ganas de viajar de nuevo. Ahí arranqué, recorrí Argentina completa, de Ushuaia a Misiones, de Entre Ríos a Mendoza y el norte del país.
Pasé por Brasil, Paraguay, crucé a Bolivia, hice la Costa de Perú y también me instalé en Ecuador bastante tiempo, en la zona de selva.
Pegaba la vuelta a Esperanza una vez al año pocos días y partía. De los lugares donde estuve me encantó el sur argentino. Había una chica que hacía malabares y también trabajaba en el faro del fin del mundo, me dio un pasaje para ver Ushuaia y nunca olvidaré lo vivido en ese paraíso”, cuenta el hombre de 31 años en diálogo con Edición Uno.
Dormir en la calle
“Ahora me quedo en Esperanza porque tengo un hijo, no viajo, pero es algo que me gusta, a pesar que atravesé buenas y malas. Únicamente llevaba una bolsa de dormir y de noche descansaba en la calle, anduve por pueblos fantasmas en los cuales no hice un peso y como necesitaba alimentarme tuve que comer de la basura, no me avergüenza decirlo.
Otros recuerdos amargos tienen que ver con la triple frontera, ya que pasé una noche preso por no tener el documento, y en Córdoba terminé detenido sólo por trabajar en la vía pública.
Además de malabares realizaba artesanías con alambre, macramé, latas o cualquier cosa que encontraba a mano, dejaba interesante ganancia, pero llevaba enorme dedicación”, afirma “Percha”.
Pionero de una forma de vida
El arte callejero viene creciendo en la capital de Las Colonias y la región, cada día se observan más jóvenes y adultos haciendo destrezas en diferentes puntos de la zona urbana.
“Acá fui el primero en esto y al principio la policía no me dejaba laburar, me corría de un semáforo, iba a uno cercano y me paraba, hasta que hace más o menos dos años parece que los cansé y ahora puedo trabajar tranquilo al igual que otras personas.
Hay gente a la cual le gusta el malabarismo y otra que grita ‘anda a agarrar una pala’, pero me río porque vivo de lo que me gusta.
Soy albañil, aunque cuando no tengo una changa voy para la esquina, igual si engancho algo para hacer, termino y a la tarde me ven igual porque parecería que me falta algo.
Cada vez somos más los malabaristas, a muchos les interesa sobre todo la posibilidad de viajar y conocer lugares. Ahora vienen a la ciudad varios amigos que me ubican de distintas partes y otros que pasan, ven que se puede laburar, se quedan un determinado tiempo y siguen su recorrido.
A veces nos encontramos en la misma esquina, pero entre malabaristas no hay problemas, el semáforo no le pertenece a nadie, se comparte, hacemos una ‘gorra’ cada uno o vamos juntos y dividimos la plata.
La policía para a los que no conoce, solicita el documento, comprueba que no tienen antecedentes y se va. La gente hueca piensa que somos delincuentes, discrimina”, sostiene.
El día a día con la gente
“Nunca pensé vivir de esto, lo hago más de hobby que por otro interés, practico y entreno mucho siempre que puedo. Por lo general estoy haciendo malabares en el semáforo de Moreno y la ruta, frente a Sadesa, voy cerca de las 4:30 de la tarde y me quedo hasta las 7 u 8 de la noche.
Algunos días estoy en el semáforo de Aufranc y Maipú, pero ahí se complica porque siempre hacen controles y la gente no pasa o no me dejan trabajar… A veces diez autos seguidos me dan cinco pesos y junto plata, pero en otras ocasiones nadie me da nada.
De una u otra manera hay que remarla y salir a divertir a la gente, arrancarle una sonrisa”, finaliza este verdadero personaje.