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Jóvenes católicos comparten su mensaje navideño a los vecinos de Esperanza  

Guiados y acompañados por el párroco Ernesto Agüera y el padre César Zingerling, un grupo de jóvenes de Esperanza redactó un mensaje ante la proximidad de la Navidad, y quieren compartirlo con toda la comunidad.

Textual

“Cuando nos pidieron que hagamos un mensaje sobre la Navidad, nos dimos cuenta de que el significado de esta fecha no estaba tan claro en nuestras vidas y que a pesar de nuestro compromiso y relación con Dios habíamos perdido el sentido de ver la misma como un regalo de esperanza. Esa esperanza que nos permite reconocer que no todo está perdido y sobre todo en este momento en donde una pandemia sigue golpeando en nuestras vidas de distintas maneras.

Como jóvenes muchas veces nos preguntamos, al igual que el doctor de la ley, ‘¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?’ (Lc 10,25). Esa pregunta resuena en nuestros corazones incansablemente y no siempre encontramos respuestas porque dejamos nuestra mirada en la tierra y no en el cielo; pero Jesús, nuestro gran maestro, Dios hecho hombre, que vino a dar la vida por nosotros y que en cada 25 de diciembre nos vuelve a regalar la vida y las esperanzas, nos enseña que si amamos a nuestro prójimo con todo nuestro corazón, fuerzas y espíritu alcanzaremos la vida eterna.

Pero, ¿quién es mi prójimo? ‘Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: ‘Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva’. ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Vete y haz tú lo mismo».” (Lc 10,30-37).

Y es por eso que queríamos compartir con ustedes, cómo Jesús nos permite vivir la Navidad todos los días de nuestras vidas con solo una condición: saber poner la mirada en quienes más nos necesitan, es decir, ser el ‘samaritano’ que practica la misericordia sin hacer distinción alguna, y de esta manera poder reconocer en cada hogar, una sagrada familia.

Y es así que como jóvenes de la ciudad logramos sentir esa necesidad de responder, con nuestro estilo de vida a las palabras de Jesús «Vete y haz tú lo mismo». Y así lo hicimos, salimos en búsqueda de ese ‘hombre’ que se encontraba golpeado, aturdido y desesperanzado y nos dimos cuenta que nosotros mismos éramos ese ‘hombre’ que se encontraba en el camino y que estas personas, familias, niños y abuelos, eran para nosotros como la estrella de Belén para los Reyes Magos.

Frente a su humildad, su entrega, su amor, podemos reconocer muchas gracias de Dios: ver reflejado el amor de madre, tal como María amó a Jesús desde el momento que supo que estaba en su vientre, en cada mujer del barrio. La esperanza y sacrificio en el rostro de quienes trabajan de sol a sol para brindar a sus seres queridos una vida mejor al igual que José, quien tomando a María y al niño Jesús huyó de Belén hacia Egipto para protegerlos. Y el valor de la vida y la sencillez en cada sonrisa y abrazo de los niños, tal como ese primer llanto, sonrisa inocente que Jesús le habrá regalado a su madre esa noche en aquel pesebre de Belén”.