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Estafador detenido en Esperanza: investigan a sus familiares policías que lo ayudaron

El juez Pablo Busaniche impuso la prisión preventiva a dos miembros de la banda que simulaba transacciones comerciales para cometer robos calificados en toda la región. Asistidos por los abogados particulares Hilda Knaeblein y Sebastián Gervasoni, Hugo A. acordó permanecer detenido y resolver su situación a través de un procedimiento abreviado, por lo que sólo se ventilaron las evidencias en relación a Ariel Joaquín Quatrín, un árbitro de fútbol y curandero que utilizaba su oficio religioso para sacarle información a posibles víctimas de los robos y que fue detenido en un allanamiento en una casa de Güemes y Lavalle en Esperanza semanas atrás.

La causa es investigada por las fiscales de la Unidad de Delitos Complejos, María Laura Urquiza y Mariela Jiménez, quienes enumeraron en la audiencia los detalles que permitieron vincular a los dos últimos detenidos con el resto de la banda desarticulada tras un operativo coordinado por la Agencia de Investigación Criminal en barrio Guadalupe el pasado 10 de septiembre.

Simulaban transacciones

El 30 de junio dos personas fueron citadas en la puerta de una escribanía, en Las Heras al 7400, para concretar la venta de barbijos y guantes de látex. Mientras aguardaban en la vereda, dos personas los redujeron mientras otras dos los despojaron de sus pertenencias y se dieron a la fuga.

El hecho quedó filmado por las cámaras ubicadas en la puerta de la escribanía, y los investigadores lograron precisar que, durante una hora previo al atraco, se ven pasar una camioneta Chevrolet modelo 78’ color roja sin patente delantera y un automóvil BMW color champagne por lo menos cinco veces.

La camioneta roja es propiedad del coimputado Hugo Alberto A., y habitualmente era vista en el taller mecánico, punto de reunión de la banda. También se pudo precisar que las víctimas de este hecho fueron convocadas al encuentro desde un teléfono celular a nombre del mismo imputado.

El otro atraco también simulado como una transacción fue el de barrio Guadalupe, que permitió la desarticulación los estafadores. En una escucha telefónica realizada al imputado, Ariel Joaquín Quatrín brindó precisiones sobre el funcionamiento de la banda y admitió que había sido convocado a participar como chofer de ese hecho.

El datero

Otro de los robos perpetrados por la banda ocurrió en una vivienda en la zona rural de Candioti, en el mes de agosto. Cuatro delincuentes arribaron a bordo de la camioneta blanca, con los rostros tapados y con armas de fuego, redujeron a los moradores y les exigieron la entrega del dinero.

A las víctimas de este hecho les llamó la atención la actitud adoptada por el cuñado de su hija, con quien prácticamente no tienen relación y ese día los llamó por teléfono y hasta fue a la casa, e insistía en saber en detalle cuánto dinero les habían robado.

Esta sospecha del matrimonio fue consolidada con la evidencia colectada en la investigación. Se presume que este imputado es quien se presume oficiaba como “pasa-data” al resto de la banda. Así surge de la ya referida llamada telefónica, y también de un audio de Whatsapp, reproducidos en la audiencia de esta mañana.

En el audio de Whastapp, reenviado por el único prófugo que hasta el momento tiene la causa a su hijo, también miembro de la banda, se escucha a Ariel Joaquin Quatrín agradecerle a la banda y comenta que tiene el dato de “un viejito que tiene dólares en la casa”. Esa información surgió de una persona que fue a pedirle “protección divina”: “Te la voy a dar yo a la protección, sabés qué”, se ufanó el imputado en el audio que le mandó a su cómplice. Finalmente le dijo: “Vamos a estar en punga, tenemos que salir de pobres, ya está”.

En cuanto a la llamada telefónica, fue realizada a un “hermano” también para pedirle protección y para “agradecer” no haber caído con el resto de la banda. La comunicación duró aproximadamente 12 minutos, y el imputado brindó con lujo de detalles cómo operaba la banda y que él había quedado afuera de todo “por los hechos de los dólares allá en el campo, y quiero agradecer”, expresó. “Mi situación tambaleó pero ya se acomodó todo, tengo que agradecer que no tengo las cadenas”, concluyó.

Finalmente las fiscales explicaron que el robo a los familiares de Ariel Joaquin Quatrín duró casi 50 minutos y durante ese tiempo el imputado se comunicó por teléfono cinco veces con uno de los miembros de la banda presentes en ese lugar.

Fuga y complicidad policial

Por último, las fiscales remarcaron la necesidad de mantener la detención del imputado mientras dure el proceso, por la existencia de la posibilidad que tiene el hombre de entorpecer la investigación y de darse a la fuga, cuestiones que no son sólo posibles sino que ya ocurrieron.

Urquiza precisó que el imputado tiene familiares policías, por lo que pudo tener información de la causa; por ejemplo, el día que se libró la orden de detención en su contra, él lo supo antes de que se concrete el allanamiento en su casa y se fue con su esposa a Esperanza. Además, se deshizo de los teléfonos celulares de ambos e intentó ocultar su automóvil.

Por otra parte, las pesquisas permitieron determinar que el imputado le brindó asistencia a los dos prófugos que tuvo la causa, uno de los cuales aún no ha sido encontrado. En tanto, Jiménez explicó que ahora la investigación intentará determinar quiénes fueron los policías que le brindaban la información al imputado para mantenerlo desvinculado del proceso.

Fuente: Aire de Santa Fe y Esperancino.com.ar