Después de funcionar durante mucho tiempo como un casino clandestino, lo que se presentaba como ciber «La Palmera», en Amado Aufranc casi ruta 6, fue allanado por orden de la Justicia, lo que determinó que varios de sus integrantes sean condenados a tres años de prisión en suspenso, al igual que otros protagonistas de comercios similares de la ciudad.
Sin embargo quien sería dueño de esta propuesta, un rafaelino al que todos conocen por su apego al mundo de las apuestas clandestinas, no aceptó un juicio abreviado y la causa continúa en Tribunales.
En medio de esto hace varias semanas sorpresivamente el lugar volvió a abrir hasta con el mismo nombre. Habíamos adelantado que detrás de esta maniobra seguía estando el mencionado hombre de la Perla del Oeste que contrató a los anteriores empleados, pero también dijimos en este portal que esa firma ya no contaba con habilitación porque el municipio se la había quitado luego del allanamiento.
Señalamos en Esperancino.com.ar que desde el Departamento Ejecutivo enviaron una intimación para que en un plazo perentorio presente de nuevo toda la documentación, aunque no existió respuesta, hecho que desencadenó en la clausura ejecutada ayer por parte de la Municipalidad de Esperanza, personal que para evitar males mayores estuvo acompañado por efectivos de la Unidad Regional XI.
La Justicia «se durmió» en este caso, ya que después de todo lo sucedido la comunidad esperaba otra respuesta de fiscales y jueces, aunque a favor del Ministerio Público de la Acusación hacemos la salvedad que la doctora María Laura Urquiza, quien enfrentó y persiguió a estos sitios ilegales de apuestas, se encuentra desde hace largo tiempo de licencia por cuestiones familiares, lo que complica el trabajo en la oficina local, porque más allá de la excelente predisposición de los empleados y del fiscal que le toque reemplazarla, la tarea de resiente.
Fuera de este detalle, creemos que de una vez por todas ya le será casi imposible a este rafaelino hacer de las suyas en esta región… Como expresaba hace años un comercial de una tarjeta de crédito, el dinero no puede comprar todo… Cada uno que saque sus propias conclusiones, porque en esto también existió un llamativo silencio de algunos medios de prensa locales, como ser un portal colega que parece no se enteró de todo lo que estaba sucediendo o, peor aún, tenía vínculos con el «Papá Noel» que venía de vez en cuando a la ciudad con sus bolsillos llenos de dinero a silenciar a determinados esperancinos.
