El comisario inspector Gustavo «Gula» Pereyra, ex integrante de la disuelta Secretaría de Delitos Complejos y acusado de pasar información a Los Monos, brindó una extensa declaración en la jornada número 22 del juicio oral a la banda narcocriminal Los Monos.
Pereyra negó haber filtrado datos a la organización e insistió con que sus jefes, Ana Viglione y Andrés Ferrato, le encomendaban investigaciones sobre drogas, pero luego «mintieron» al declarar sobre las tareas que les solicitaban.
En alusión a los superiores del gobierno provincial de entonces que no identificó, dijo que lo hicieron a pedido de «personas» que luego le ordenaron a Viglione «desconocer» a Gula cuando fue detenido en este causa.
«Había dos líneas, la que quería recaudar y la que no quería recaudar. Y ganó una, sacrificaron los peones», dijo Pereyra que además fustigó a los integrantes de la Brigada Operativa de Judiciales que investigó a la banda. «Estaban haciendo una recaudación y los querían poner a (Esteban) Alvarado y a Luis Medina para que manejaran toda la zona», sostuvo.
Además dijo que el policía Luis Quevertoque, integrante de esa brigada, «era socio de Alvarado».
El comisario leyó mails enviados a sus superiores sobre investigaciones de búnkers y otras tareas que le encomendaron sobre los mismos integrantes de la Brigada que en ese momento investigaba a la familia Cantero. Por último entregó como prueba al tribunal un cuadernillo azul donde anotaba datos de sus pesquisas entre las que figuraban seguimientos a «políticos».
Un personaje
En el último ejemplar del año Edición Uno sacó a la luz un fuerte cruce que tuvo el director del semanario local con quien era responsable de la Secretaría de Delitos Complejos de la provincia hace algunos años, Ana Viglione, debido a dos operativos en nuestra ciudad muy promocionados por esa repartición provincial, sobre los cuales los colegas dijeron que habían sido «puestas en escena» para mentirle a la gente… En otras palabras, mientras algunos se llenaban los bolsillos dejando pasar la droga en Esperanza, armaron procedimientos ficticios para calmar a los vecinos… Eso dijo Edición Uno y se generó una discusión con Viglione, aunque nunca desmintieron lo que este periódico denunció.
Ahora Viglione vuelve al centro de la escena al ser involucrada, como una de las máximas exponentes del poder, en un manejo poco claro de información con quienes manejaban buena parte del negocio narco en Las Colonias.
Está claro que Edición Uno no estaba equivocado en sus apreciaciones. Quizás eso explique por qué los estupefacientes hoy sean «moneda corriente» en todos los barrios de la ciudad.