Ariel Levatti es Licenciado en Comunicación Social, periodista. docente e investigador universitario, además es autor de varios libros y publicaciones.
En el siguiente escrito comparte su mirada sobre esta noble profesión en el país y en nuestra ciudad, donde hay “falsos profetas del odio y la discordia, que restan, dividen y nada suman en beneficio de la sociedad”.
EL NOBLE OFICIO
En el marco de una nueva celebración del Día del Periodista, quiero compartir unas breves reflexiones. Lo hago desde mi rol profesional, el trabajo y la vocación docente, la experiencia en medios y en comunicación institucional.
La primera observación apunta una a pregunta siempre vigente, más allá de los cambios tecnológicos y la evolución de los soportes: ¿qué significa ser periodista? La respuesta admite múltiples miradas posibles, pero hay un punto que es irrenunciable: la ética, la responsabilidad y el compromiso irrenunciable con la verdad.
A comienzos de los 80, cuando se pusieron de moda las carreras de periodismo, locución, comunicación y otras afines, surgió una especie de debate o controversia entre “los estudiados” y los “empíricos”, que habían aprendido y desarrollado el oficio a través de la práctica concreta en los medios. Con el tiempo, la creciente profesionalización y el ensamble de ambos saberes, esa vieja disputa fue superada.
Hoy, el fenómeno de las redes sociales vino a traer nuevos debates. Las redes sociales permitieron en alguna medida democratizar la palabra y la comunicación, pero también generaron efectos colaterales y consecuencias indeseables.
Como señalara el gran filósofo y pensador italiano Umberto Eco: “La internet le ha dado el derecho a la palabra a legiones de idiotas. Antes hablaban sólo en el bar, después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel”.
¿Cuántos “generadores de cuenteríos” encontramos en las redes? Falsos profetas del odio y la discordia, que restan, dividen y nada suman en beneficio de la sociedad.
Las relaciones entre “Periodismo” y “Poder” ameritan otro comentario. La celebración del Día del Periodista nos encuentra este año con proyectos oportunistas y demagógicos que hablan de “periodistas ensobrados” y “pauta cero”, buscando un doble objetivo: descalificar el rol del periodismo serio y responsable (indispensable en una república democrática) y obstaculizar a cualquier administración hacer públicos sus actos de gobierno y garantizar el derecho de la ciudadanía a estar bien informada.
Cabe recordar que en Argentina se estableció el 7 de junio como Día del Periodista en homenaje a “La Gaceta de Buenos Aires” fundada por Mariano Moreno, órgano de comunicación de las ideas del “Primer Gobierno Patrio”. No me imagino a Paso, Castelli, Belgrano o Saavedra pidiendo el cierre de “La Gaceta” para evitar “gastos superfluos”.
EN ESPERANZA
Quiero dejar un párrafo con una breve mirada hacia el medio local. El periodismo en Esperanza tiene una rica y larga historia, que empezó con la prensa gráfica (“La Unión”, “El Colono”) en los primeros años de la colonia, reflejando la diversidad de idiomas, religiones, costumbres, ideas y una pujante vida económica y productiva.
Luego se sumó la radio, que asomó tímidamente por circuito cerrado, se propaló en el dial y se masificó con la irrupción de la FM. Después vino la televisión, que aportó el poder de la imagen y la posibilidad de “descubrirnos” en la pantalla, generando una revolución como significó en su momento el cine o la fotografía.
La historia más reciente se completa con la llegada de los medios digitales y las nuevas tecnologías, que marcan una velocidad y un pulso distinto de la información.
Como expresé al comienzo, las tecnologías y los tiempos cambian. Pero hay algo que permanece inalterable, o debería: la ética, la responsabilidad y el compromiso irrenunciable con la verdad. Que están divorciados de una mala praxis que tiende a naturalizarse: la difamación permanente, los “títulos engañosos”, tergiversar los hechos, falsear declaraciones.
En resumen, transgredir las reglas básicas del periodismo, anteponiendo rencores o intereses personales al ejercicio de la profesión. Vicios que suelen venir de la mano, cuando se asume la responsabilidad de administrar un medio público, del acoso laboral y la persecución ideológica.
Para terminar, saludo cordialmente a todos mis colegas y trabajadores de prensa. No sólo periodistas, sino también locutores, camarógrafos, operadores, fotógrafos, productores, publicistas, telefonistas, administrativos, etc.
En especial, a los que ejercen con vocación, perseverancia, esfuerzo y profesionalismo esta loable tarea. Como dijera el gran escritor y periodista Gabriel García Márquez: “el oficio más lindo del mundo”.