Se cumplen hoy 730 días desde que la vida de la familia Fabiani cambió para siempre. El 4 de junio de 2024, Enrique Héctor Fabiani, un jubilado de 74 años con una vida dedicada a su comunidad en Santa Clara de Buena Vista, se desvaneció en los montes del departamento Villaguay, en Entre Ríos, durante una jornada de caza.
A dos años del hecho, el vacío es absoluto. A pesar de los rastrillajes masivos que involucraron a cientos de efectivos, drones, buzos y canes especializados, la tierra parece haberse tragado al santafesino. Lo que comenzó como la búsqueda de un hombre extraviado se transformó rápidamente en un laberinto judicial que, hasta el día de hoy, no ofrece respuestas concretas.
El rastro que se cortó en un campo privado
La reconstrucción de sus últimos pasos sigue siendo el punto más crítico de la investigación. Aquella tarde, Enrique se separó de sus amigos y, tras desorientarse, llegó hasta la propiedad de un productor local. Allí se produjo el último contacto visual confirmado: el dueño del campo declaró haberlo interceptado y cuestionado por su presencia armado en el lugar. Desde ese instante, el rastro de Fabiani se perdió en la oscuridad del monte entrerriano.
Justicia y silencio
La familia, encabezada por su hija Melisa, ha mantenido una lucha incansable. Han cuestionado el accionar policial de las primeras horas, denunciado irregularidades y exigido que la causa no caiga en el olvido. «No buscamos un milagro, buscamos la verdad», ha sido el lema que movilizó marchas tanto en su pueblo natal como frente a los tribunales de Villaguay.
Actualmente, la causa sigue bajo la mirada de la justicia entrerriana, pero el paso del tiempo es el mayor enemigo de la investigación. Sin sospechosos procesados ni pistas físicas que indiquen qué ocurrió tras ese último encuentro en el campo, el caso Fabiani se mantiene como uno de los enigmas más dolorosos de la región.
Una comunidad que no olvida
Hoy, en Santa Clara de Buena Vista, el recuerdo de Enrique sigue vivo. Sus vecinos lo describen como un hombre de familia, tranquilo y querido. Mientras tanto, en los montes de Villaguay, el silencio persiste, guardando el secreto de una desaparición que, a dos años de distancia, sigue siendo una herida abierta para toda la sociedad.