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Debido a la sequía estiman que las pérdidas serán cuantiosas

Ante la falta de precipitaciones importantes en las principales regiones productivas del país los cultivos de segunda son los más afectados, además del maíz sembrado en diciembre que transita su período crítico, es decir la floración, sin la presencia de agua.

El panorama se agrava ya que los pronósticos climáticos anticipan que en las próximas dos semanas no habrá registro de precipitaciones relevantes, que se están necesitando para mejorar la situación actual de los cultivos.

La sequía es un tema que también preocupa al gobierno, ya que la economía no tendrá el impulso que todos los años genera la soja. Informes privados reflejan proyecciones de caídas de 10 millones de toneladas de producción entre soja y maíz y economistas ya están pronosticando que se perderá medio punto del PBI y como lo planteaba la semana pasada el referente de la consultora Agritrend, Gustavo López, en concepto de recaudación por las retenciones a la soja y sus derivados, el aporte sería de USD 3.900 millones, registrando una caída del 13,5%.

Durante el fin de semana y en declaraciones radiales, el ministro de Agroindustria de la Nación, Luis Miguel Etchevehere, dijo que «es anticipado hacer una evaluación sobre el impacto económico de la sequía, que afecta fundamentalmente la soja y el maíz de la campaña agrícola 2017/18», aunque admitió que las pérdidas «son cuantiosas».

«De toda la harina y aceite de soja que los países importan, Argentina provee la mitad de los volúmenes. Si de un mes a otro las expectativas de producción de nuestro país caen casi un 20%, está claro que ello será suficiente para desatar inquietud en los mercados del mundo», refleja el informe de la bolsa rosarina, que agrega, «la situación hídrica no se normalizó a lo largo de los dos meses siguientes, con lo que al menor hectareaje sembrado se le suma el abandono de 700.000 hectáreas que no cumplen las condiciones mínimas para su cosecha. Con ello, apenas 17,3 millones de hectáreas de soja serán efectivamente cosechadas en Argentina, la superficie más baja en casi una década».

Lo que sostienen los especialistas de la Bolsa de Rosario es que una menor producción provocará que al final de ciclo Argentina registre el nivel de inventarios «más bajo en cinco años» y cubriría apenas el 11% de las necesidades de la demanda nacional de soja, «por tal motivo es el fin de una etapa: la soja ya no será superabundante en Argentina», aseguraron desde la BCR.