Policiales

Le roban dinero, la policía lo recupera y su hijo agradece

Compartimos una carta enviada por el colega Mario Dos Santos, hijo del hombre al que el viernes le sustrajeron una importante suma de dinero y en cuestión de horas, con la colaboración de los vecinos, la policía recuperó todo lo robado.

Lleva como título “En Esperanza nada está perdido, a pesar de todo…” y expresa lo siguiente.

Los periodistas solemos desarrollar una suerte de comportamiento profesional y personal de cierta ajenidad sobre los sucesos de la realidad. Que no es indiferencia. Generalmente suele ser una protección necesaria para sostener un equilibrio emocional, afectivo y profesional sobre los hechos que nos toca cubrir, observar o investigar en nuestras realidades.

Por ello, desde el periodismo escrito -por ejemplo- evitamos, muchas sin éxito alguno, ser autorreferenciales. Hasta que te toca… y tenés que hablar sin remedio, en primera persona. Este es el caso.

Mi padre -que enviudó recientemente- vive solo a pesar de sus admirables 89 años. Su casa fue allanada y robada con violencia por un solo e ignorado autor, este último viernes a media mañana, cuando su dueño se encontraba haciendo compras en el centro de la ciudad.

Testigos oculares relatan que el joven ladrón huyó de la casa a pie y a gran velocidad luego de saltar un tapial hacia la calle, en simultáneo a la llegada e ingreso de mi padre a la propiedad.

Lo demás ya es historia. El llamado inmediato al 911 generó una respuesta casi instantánea de numerosos efectivos policiales en el lugar. Eso, y los testimonios que aportaron vecinos sobre el rumbo que llevó el ladrón en su escape, permitieron un operativo de rastrillaje inmediato con resultado positivo, al recuperarse casi la totalidad de los efectos hurtados, cuidadosamente abandonados y escondidos en un baldío de las inmediaciones.

Ante este tipo de sucesos, lo único que nos importa como familia, y más allá de cualquier pérdida material, es que mi padre goza de muy buena salud y fortaleza, a pesar de las brutales circunstancias padecidas.

No obstante, debo destacar algunos aspectos y la participación responsable y solidaria de un sinnúmero de personas -muchas de ellas totalmente desconocidas-, en este lamentable hecho. Entre ellos, un enorme agradecimiento a los históricos vecinos del barrio, siempre dispuestos a dar una mano y comprometerse con su prójimo y el amigo.

También una gran felicitación y agradecimiento público a toda la fuerza policial actuante, desde el inicio mismo del llamado al 911, por su rápida y eficiente respuesta operativa. El agradecimiento es extensivo -además- a todos los agrupamientos actuantes y al personal de la fuerza que participó de cada aspecto del suceso que referimos.

Entiendo que en estos extraños tiempos que nos toca vivir, ante la presencia de una importante suma de dinero en efectivo, se pueden llegar a exacerbar ciertas debilidades humanas.

Por ello, finalmente, quiero destacar y ponderar con mayúsculas el accionar profesional y virtuoso de todos aquellos miembros de la fuerza policial de la ciudad de Esperanza que estuvieron en contacto directo de manera material o con responsabilidad sobre su destino final, al proceder a reintegrar en mano y antes de finalizar la misma jornada, a su legítimo dueño y con todas las garantías sumariales y procesales del caso, la nada despreciable cifra de 265.650 pesos, en billetes de diferente denominación. Dinero que -por otra parte y para tranquilidad de todos- ya fue depositado en una reconocida entidad bancaria.

Reitero el agradecimiento personal a todo/as las personas intervinientes en este lamentable suceso, destacando con absoluta claridad la eficiencia profesional y ética del personal policial actuante, en particular la de aquellos que procedieron a formalizar la devolución a su dueño. Y, en especial a la oficial policial que hizo toda la instrucción sumarial durante la extensa jornada, brindando calidez, contención y mucha comprensión a la traumatizada víctima del inesperado delito nuestro de cada día.

A todos ellos/as, que sepan que sus conductas son un valioso capital social que sirve y mucho, que no debemos perder, y que sus superiores deben reconocer. Gracias. Gracias. Gracias.

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